Chiapas,
¡esperando a Eruviel!
Arturo Morales Urioste
Lo que de estructura, entusiasmo e identidad conservaba el Partido Revolucionario Institucional luego de su inmediato descenso electoral en Chiapas, tal parece haber sido de nuevo, y sobre sus escombros, demolido.
En efecto, ha llovido desde el anuncio y luego arribo del profesor Moreira a la Presidencia del CEN del PRI y él no aparece por estos lugares, tampoco parece informado de la necesaria revitalización o urgente tarea de reconstrucción que su delegado Quiñones no puede llevar a cabo y tampoco pudo evitar su descomposición acelerada o consentida por este último que vino, vio y no tendría otra historia para contar que el descenso y reducción de los espacios electorales.
El destino y futuro del priísmo chiapaneco se dejó, ahora, al encargo o depósito sólo de un Comité Estatal interino, algunos muebles y la sede alterna que simbólicamente quiso significar la arquitectura de un nuevo partido –anexo igualmente abandonado en el tiempo– como la tarea del interinato directivo: acotada, limitada en la prórroga de un mandato perentorio lastrado por la incredulidad del militante.
Su ejercicio debió concluir con la elección de un nuevo comité, determinación que se aprobó y fue objetada, el litigio no tiene efectos suspensivos, pero la elección del Estado de México, sirve o se utiliza para frenar el ejercicio de una elección indispensable, su modalidad –consulta a la base– no favorece a más de un grupo cerrado que por ese método simplemente no tendría oportunidad de continuidad. Ante la alternativa de ese cambio de rumbo y de estilo, la conducción y apertura del partido se aplazan.
La elección del Estado de México, cuyo padrón electoral supera los diez millones de electores, gobernado por un priísta y dueña la entidad de un presupuesto público que no guarda proporción con la suma de recursos que ejerce Chiapas, los “mexiquenses”, como gustan en llamarse, parecen también una clase política e institución partidista de “pomada” y con pretensiones históricas satisfechas, y así compiten con los otros privilegiados del país (o sea, sus vecinos del DF).
El candidato del PRI al gobierno del Estado de México ha ganado cuatro o más elecciones, de entrada aventajó a sus adversarios por “clareada” en términos de “carrera parejera”, con poco más de cuarenta días de campaña, siendo oriundo y vecino real del Estado, perfilado bajo el auspicio del gobernador Peña Nieto y con lo que este significa. Ahora que no existen más que las percepciones de los ejecutivos estatales, ello hace la diferencia con cualquier escenario chiapaneco, por tanto no satisface el trascendido de la espera a esos resultados electorales que concretarán lo vaticinado objetivamente: Eruviel Ávila y el PRI del Estado de México serán ganadores.
Este concepto de triunfo no puede anticiparse para el PRI chiapaneco. Nuestro partido no ha sido ganador, al contrario, en lo inaceptable de su desempeño directivo ha condicionado caídas electorales sucesivas, pactadas o no, y por eso el panorama se perfila en este sentido.
Para cuando Moreira determine lo procedente, o no concilie lo que tiene obligación de hacer, el Estado de Chiapas estará y será totalmente Verde, pues su evidente candidato lleva más de los “Ocho mil kilómetros en campaña” del General Álvaro Obregón.
En tanto el CDE interino informa de los parches y “quistes” que encuentra, crea o le imponen las circunstancias en los Comités Municipales, seguros focos de conflicto para lo inmediato, y quizá esta descomposición sea la suerte final: sin cuadros ganadores, diputados anacrónicos, desarraigados, cuando a destiempo informan y claman por la transparencia del ejercicio público y rendición de cuentas, anticípese las razones para su no reelección. En tanto, ¡seguimos esperando a Eruviel Ávila!
El Partido Verde Ecologista ha gozado de la confianza del CEN del PRI de su élite, pero el balance de esa alianza, su efecto electoral en el ánimo priísta local, más allá de concesiones en ejercicios personalizados, es negativo y exigen su revisión. El tema se ha saldado delegando facultades a la directiva nacional.
Y en este terreno de realidades también la actividad del inagotable “Peje” en visitas de trabajo a Chiapas se ha multiplicado. El escenario es cuando menos descriptivo del contraste entre la parálisis del PRI frente al permanente activismo social de otros líderes que seguramente crecerán a costa o por efecto, entre otras causas, del vacío que ha creado la pasividad de las dirigencias, el enquistamiento de cuadros improductivos, operadores o alquimistas célebres de otra época, desarraigados, oportunistas puntuales, innecesarios para una sociedad regional necesitada de proyección distinta. Si Peña Nieto es el candidato a la Presidencia de la República será porque refleja la imagen joven de un antiguo partido. Y eso debe construirse.