Año 9 • Tinta Fresca No. 164 • Enero de 2012
RECINTO galáctico. El Teatro de la Ciudad ha recibido el espectáculo de estrellas, incluso de talla mundial, como el silencio glorioso de Marcel Marceau en 2002.
- En este 2012, el teatro “Emilio Rabasa” cumple 30 años de vida, Tinta Fresca le cuenta su historia -
Telón Mítico
Darissa Castellanos
Es una noche inédita de otoño en Tuxtla Gutiérrez de 1982.
Las filas de personas se forman a las afueras de un recinto recién terminado y que sustituye lo que anteriormente conocían como el Parque Madero.
En la nueva arquitectura, las clases bajas, medias y altas se mezclan entre las butacas para disfrutar de la primera puesta en escena: Los cuervos están de luto y el ballet Teatro del Espacio.
En punto de las nueve de la noche, un sonriente y aplaudido gobernador Juan Sabines Gutiérrez, da por inaugurado el coloso tuxtleco del drama, la música, sonrisas y hasta magia.
Don Juan fue certero y hasta tajante en su frase inaugural: “tuxtlecos, aquí les entrego su teatro, a ver qué hacen con él”.
En este 2012, el Teatro de la Ciudad Emilio Rabasa cumple 30 años y Tinta Fresca reproduce su historia: tercera llamada, tercera.
Los cimientos del espectáculo
El teatro de la ciudad Emilio Rabasa comenzó su construcción en el año de 1977.
Cinco años después, el veintidós de noviembre de 1982, fue inaugurado por el entonces gobernador Juan Sabines Gutiérrez.
Algunos historiadores y textos establecen como fecha de inauguración, el 20 de noviembre de 1982, pero Franco Catalino, quien ha estado tras esas bambalinas desde hace 30 años, tiene impreso el recuerdo muy claro: “fue un 22 de noviembre a las nueve de la noche”.
El diseño estuvo a cargo del arquitecto Abraham Zabludovsky (hermano del célebre informador Jacobo Zabludovsky).
El teatro de la ciudad mantiene hasta hoy su diseño arquitectónico original, lo único que ha sido cambiado en tres ocasiones, es la pintura exterior e interior.
“En un principio tuvo un color gris oscuro, se miraba muy bonito; ahora lo han cambiado y está pintado de gris, pero lo han aclarado en tres ocasiones”.
De hecho don Catalino, guardián eterno del inmueble, bromea respecto a las actuales pinturas coloridas: “No hay como una pintura formal, como lo tenían antes, ahorita aquí adentro parece kínder”.
El show debe continuar
Dos años después de su inauguración (1984), llegó el primer director del Teatro: Gustavo Acuña.
Sin embargo y tras la salida de Juan Sabines Gutiérrez como gobernador, al recinto le llegaron seis años de oscurantismo.
El Teatro de la Ciudad dejó atrás las obras y espectáculos de renombre, incluso fue utilizado, casi, exclusivamente para actos políticos y obras chiapanecas.
Así lo recuerdan dos de las cuatro personas que trabajaron en aquel entonces al servicio del inmueble.
Para don Catalino y María de Jesús Suárez, primera secretaria en la historia del teatro, ambos en activo, la etapa más “triste del teatro” fue con el gobernador Patrocinio González.
Mientras que el lado opuesto está en la figura del actual gobernador Juan Sabines Guerrero, “donde han traído muchos espectáculos, casi uno cada semana”, asegura María de Jesús.
Teatro bajo el agua
Desde hace 10 años, el teatro no sólo lucha contra el envejecimiento, también tiembla en temporada de lluvias.
En cada ocasión que un torrencial cae sobre la capital chiapaneca, el edificio sufre de inundaciones.
“El agua llega a medir casi el metro de profundidad” aseguran los trabajadores del lugar, quienes ya sufrieron una pérdida irreparable: parte del archivo histórico.
Fotos y documentos, almacenados en el sótano del recinto, se perdieron al quedar completamente bajo el agua.
“Le han hecho modificaciones al interior, pero no encuentran la razón de que el agua se filtre y el lugar se sigue inundando” lamenta María de Jesús.
Y es que, al menos don Catalino y María, “fundadores” del Teatro, coinciden en que el cambio que les gustaría ver, es que el edificio regresara a su gloria original.
Pues con alegría y añoranza, recuerdan aquella noche inédita de otoño en 1982, cuando el mítico Teatro de la Ciudad Emilio Rabasa, levantó el telón por primera vez y anunció la tercera llamada, tercera.