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Polis vs Zetas, de pifia en pifia

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Balacera contra Zetas destapa falta de estrategia de ataque; “¡órale!, éntrenle”, retaban los Zetas

ViCC

El miedo en el rostro de los policías es inocultable. “Órale vergas… ¿Ya van a venir? ¡Hijos de puta!”, retan los
Zetas entre ruidosas ráfagas de metralletas.

Atrás, los que no están en el frente, fuman nerviosamente y se guarecen inseguros entre árboles y autos estacionados, con su fusil de asalto colgado en el pecho que apunta hacia abajo. Bueno, ni los broches de las fundas de sus pistolas
Beretta están desabotonados.

Todos miran con zozobra a todos lados, aunque la oscuridad disimula sus tambaleos. Es la “fuerza especial” de policías y soldados que el pasado 19 de febrero, en un “operativo de rescate” cuya balacera duró cinco horas, desnudó la falta de táctica policíaca.

Fue tal la impericia y el titubeo que dos altos mandos oficiales, un comandante de la Policía Estatal Preventiva y un subdirector de la Policía Ministerial, cayeron en la refriega.


Y todo por una meretriz...….... El operativo de las pifias policíacas fue para rescatar a “Marlene”, dueña del Clímax, un bar nudista en Chiapa de Corzo. La versión oficial es que la “víctima de secuestro sale ilesa”, tras un levantón que había padecido 48 horas antes, por la noche, en su propio giro negro. Tinta Fresca visitó a “Marlene” para saber su versión del hecho pero no estaba y el vigilante sólo atinó a decir que “la señora no está llegando”, aunque confirmó que el Clímax abrió normal tras la balacera y sigue funcionando igual.

“¡Vengan por mí, putos!”

La balacera ha metido en pánico a los vecinos, quienes han visto pasar por la azotea de sus casas a los
Zetas y, en su puerta golpeada, la exigencia de la policía para entrar. Las ráfagas de plomo son intermitentes: estruendosas series de metralletas, un silencio estresante y, cuando parece que se acaba, vienen otra vez los disparos continuos. Titubeantes, los policías no saben qué hacer: se pasean de un lado a otro mientras observan a su vanguardia actuar. A punta de jaloneos, la puerta de una casa es abierta por un policía que no desenfunda su Beretta. Nadie está en posición de ataque, sólo observan nerviosamente. Otra ruidosa ráfaga apaga el ulular de una ambulancia que llega; esta vez, viene acompañada de anónimos gritos retadores de los Zetas: “¡Órale! ¡Vengan por mí, putos!” Más disparos y de nuevo el desafío, ahora subido de tono: “¡Órale vergas! ¿Ya van a venir? ¡Hijos de puta!”.

Un pálido José Luis Solís Cortés, secretario de Seguridad Pública, abordado por reporteros apenas unos minutos después de acabada la refriega, confirma a los dos altos mandos oficiales caídos aunque también presume de los cuatro
Zetas muertos, ocho detenidos y armamento de alto poder decomisado. Presuntuoso, engola la voz para ufanarse de que “cada que quieren entrar (los Zetas), nos enfrentan”. Lo que no dice es que los Zetas enfrentados no eran más de 20, 10 veces menos que la “fuerza especial” de policías municipales, estatales y federales, además de soldados del Ejército Mexicano, quienes sumaban un aproximado de 200 elementos. Han pasado ya cinco horas de fuego cruzado; el otro ejército, el de los medios de comunicación, se retira. Las fotos y el video de las cámaras de los informadores han registrado el miedo en el rostro de los policías, que sigue siendo inocultable.

Zetas, otra vez

No es la primera vez que los narcotraficantes y matones a sueldo autodenominados Zetas causan pánico en Chiapas. La última balacera de dimensiones como la que Tuxtla padeció el pasado mes de febrero, se suscitó el 26 de junio de 2008, en Villaflores. Ahí, un comando de Zetas se enfrentó a policías estatales, municipales y soldados durante 16 horas, auxiliados por helicópteros.

A la mitad de ese año, hubo nueve hechos sangrientos, como ejecuciones a empresarios, policías y enfrentamientos con narcotraficantes; o sea, un acto violento cada tercer día. Hasta antes de esos hechos, se presumía que Chiapas era el segundo estado más seguro del país, pese a contar con un grupo guerrillero. Particularmente, se destacaba que aquí no operaban mafias de ningún tipo, pese a existir bandas dedicadas al tráfico de humanos y de drogas, por ser la frontera sur de México.

Los hechos violentos de ese verano peligroso llamaron especial atención pues en ellos hubo desde incautación de droga, asaltos de comandos armados, detenciones de peligrosos delincuentes, persecuciones, balaceras y hasta ejecuciones. Entonces, el gobernador Juan Sabines anunció un “blindaje” mayor a la entidad para evitar “el efecto cucaracha”.

Rescatan’ a Zeta herido

Un comando de encapuchados fuertemente armados liberaron del Hospital Regional a un Zeta que fue herido tras la balacera con policías y soldados. Médicos y enfermeras de ese hospital, testigos del “rescate” del delincuente, confirmaron a Tinta Fresca que sólo hubo policías cuando el Zeta fue internado pero no después. El personal médico, que pidió el anonimato a cambio de la información, reseñó que el delincuente fue llevado por la Cruz Roja a las dos de la mañana, con herida de bala en una pierna. El resguardo policíaco llegó con la ambulancia y, una vez en el área de Urgencias el Zeta baleado, se retiró de inmediato.
Cuatro horas después, alrededor de las seis de la mañana de ese viernes de plomo en la capital chiapaneca, encapuchados fuertemente armados arribaron al Rafael Pascacio Gamboa. Atónitos los médicos y enfermeras por la presencia de los embozados con metralletas en plan de ataque, cedieron a entregar “al compañero”. “Somos médicos, no policías”, declaró un galeno al Ministerio Público que llegó pasadas las nueve de la mañana, al reclamar por qué habían “dejado ir” al Zeta. La versión oficial señaló que, tras la balacera de ese 19 de febrero, los heridos fueron enviados al Hospital Regional y Metropolitano, “fuertemente custodiados” por la policía.


Zetas ‘preocupan y ocupan’

ViCC

Los Zetas y cualquier otro grupo de la delincuencia organizada “preocupan y ocupan” al gobierno estatal, declaró a
Tinta Fresca Juan Sabines Guerrero. El mandatario aclaró que con esos delincuentes “son los únicos con los que no puede haber ningún tipo de acuerdo” y sí, en cambio, se actúa “con toda contundencia” contra ellos. “Ningún grupo de la delincuencia organizada tiene cabida en Chiapas”, punzó tajante, entrevistado al término de la ceremonia oficial del Día de la Bandera. Afirmó que Chiapas “sigue siendo un estado seguro” pese a la balacera del pasado mes de febrero, pero que no se cae “en excesos de confianza”.

Patrullajes especiales

Pidió entonces comprensión de la población por los patrullajes especiales que se han intensificado a raíz de los enfrentamientos armados entre policías y sicarios.
“Tenemos un plan de patrullaje aéreo, en la ciudad con los retenes. En fin, son cuestiones que causan molestias, pero (son) necesarias.”
—¿Habrá medidas especiales?
—Desde luego que sí, ya hay medidas especiales. Ahora se intensifican con tecnología adecuada de detección de armas…
—¿La policía estaba preparada? Porque había unos 200 policías y soldados, contra unos 15-20 Zetas…
—Es algo que no se esperaba que ocurriera de esa manera... Lo principal es la seguridad de la gente. El gobierno actuará, en el marco de la ley, con toda la energía y contundencia necesaria.
Antes, el gobernador destacó la valentía de las fuerzas policíacas en el rescate de lo que sería el primer secuestro del año en Chiapas.


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