Tinta Fresca

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Año 6 • Tinta Fresca No. 134 • Del 16 al 31 de Agosto de 2010

Un perfil de la escritora comiteca, Rosario Castellanos

La niña Chayito

Darissa Castellanos

Abstraída, oscura y ausente, eran las características de una niña de siete años que vivió en el Comitán de 1932:
Chayito.
Por la ideología típica de la época, su niñez fue opacada por las atenciones mayoritariamente dirigidas a su hermano, propias en una época de machismo reinante.
Su padre, César Castellanos, fue conocido por su carácter hostil y reacio; su madre, Adriana Figueroa, costurera en el barrio de la clase media baja, no fue precisamente una amiga.
Y es que tal vez ese contexto en el barrio de San Sebastián de la ciudad
cositía forjó el carácter y las letras de uno de los personajes femeninos más destacados del México contemporáneo: Rosario Castellanos.
Tinta Fresca le presenta un perfil de la escritora comiteca, en cuyo honor fue instaurada una medalla que, este 2010, le fue otorgada a la escritora Elena Poniatowska.

Infancia de sumisión


De su padre heredó la piel blanca y el carácter; de su madre la pequeña estatura; de las indias traídas de sus fincas, la sumisión: agachar la cabeza cuando el patrón manda; y de su nana Rufina aprendió bellas oraciones en lengua tzeltal.
“Era una niña todo ojos, siempre se asomaba por la ventana a ver pasar por la calle empedrada a los indios diligentes y las vendedoras de verduras”, así la recuerda nostálgico el escritor comiteco y amigo desde la infancia, Oscar Bonifaz.
Siempre pasó desapercibida por su familia, desdibujada tras la aparición de Benjamín, su hermano menor, quien, según don César Castellanos, perpetuaría su apellido.
No obstante Benjamín falleció; así,
Chayito recibió una pizca de afecto paternal, un asomo de lo que debió merecer.
Tan retraída fue Rosario que la catalogaron como “loca”, pues eran constantes sus encierros en un cuarto a llorar, “sin motivo alguno”.

Un perro, su inspiración


En las contadas ocasiones que
Chayito acudió al cine, encontró su inspiración en las hazañas caninas de Rin tin tín.
Fue entonces que, a sus seis años, comenzó a escribir diariamente; sus textos fueron en su mayoría lamentos, aunque estos fueron hechos a escondidas para evitar poner en duda su cordura.
Así, Rosario se entretenía, aparte de los asomos por la ventana, con pluma en mano y la sigilosa escritura en su diario.
Nadie pensó que años después, la inspiración del mítico perro serían los acercamientos de
Chayito a la literatura, a la pasión que hoy todos le conocen.
En 1931 fue un diario donde se leía una poesía inspirada en un canino; hoy es un emblema y figura en los premios, en gran parte por su aclamada
Balún Canán, donde reflejó los años que la forjaron, el tiempo donde sólo fue una niña conocida como Chayito.



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