Genio mexicano
En una reunión se encontraban un ruso, un americano y un mexicano; de pronto, el ruso dice:
—Nosotros fuimos los precursores de los viajes al espacio.
El americano le contesta:
—Esas chingaderas me las paso por los güevos.
Después el americano dice:
—Pues en mi país inventamos la bomba atómica.
Dice el ruso:
—¿Sí? Pues esas tonterías me las paso por los güevos.
Entonces el ruso y el americano le preguntan al mexicano:
—A ver tú, raza de bronce ¿qué han inventado?
Y el mexicano les contesta orgulloso:
—Pues el alambre de púas… A ver, ¡pásenselo por los güevos!
Infracción
Un hombre tiene que faltar al trabajo y acudir a la Corte debido a una infracción menor de tráfico. Mientras espera hora tras hora a que su caso sea escuchado, empieza a impacientarse. Cuando finalmente dicen su nombre, ya por la tarde, se para frente al juez sólo para oír que la Corte tomará un descanso el resto de la tarde y que será llamado al día siguiente. El hombre exclama furioso, dando un golpe en el estrado:
—¡Maldición! ¡Esto no es posible!
El juez, irritado por un tedioso día de trabajo, grita:
—¡Cien pesos de multa por maldecir en la corte! ¡Y claro que es posible!
Entonces, el magistrado al darse cuenta de que el hombre toma su cartera y la revisa, dice:
—Bueno, pero no tiene que pagar en este momento.
—Descuide, sólo estoy viendo si me alcanza para otras tres palabras.
Hijo perdido
Un septuagenario se transporta en el metro de la ciudad de México, cuando el tren se detiene en la estación del zócalo, se abren las puertas y se sube un muchacho vestido al estilo punk: los pelos parados y pintados de todos los colores y vistiendo ropa escandalosa y estrafalaria. El anciano se le queda mirando fijamente hasta que el muchacho, molesto, le reclama:
—¿Qué tanto mira, abuelo? ¿Acaso cuando usted fue joven nunca hizo nada raro o anormal?
El viejito, muy serio, le contesta:
—Sí, hijo, precisamente por eso te estoy observando. Cuando tenía tu edad, tuve sexo con una guacamaya y ahorita estoy pensando que a lo mejor tú puedes ser mi hijo.
Embarazo afortunado
Una adolescente de catorce años le confiesa a su mamá que desde hace dos meses no le llega su periodo. Preocupadísima, la mamá compra en la farmacia una prueba de embarazo y, para su desgracia, el resultado es positivo.
Gritos, maldiciones, lamentos, lágrimas; el papá no comía y la mamá estaba inconsolable.
La muchachita, una vez a solas, toma el teléfono y hace una llamada. Media hora más tarde se detiene un Ferrari último modelo importado, y de aquel auto sale un tipo maduro, distinguido, con cara de ganadero fino, de pelo entrecano y vestido impecablemente con un elegante traje Armani carísimo.
Se sienta en la sala ante el padre, la madre y la hija, y dice:
—Buenos días, la joven aquí presente me ha informado del problema, sin embargo yo no puedo casarme con ella porque tengo otra situación familiar, aunque me haré cargo: si nace niña le puedo dejar tres tiendas, dos apartamentos, una villa en el mar, una cuenta de 500 mil euros y 500 cabezas de ganado. Si nace un varoncito ahí cambiaria la cosa: le dejaría un par de fábricas, además de 500 mil euros y dos mil cabezas de ganado. Si son gemelos: una fábrica, 250 mil euros por cada muchachito y 10 mil cabezas de ganado. Pero si perdiera el bebé…
En este punto, el papá casi tirando la cerveza al suelo y sudando del susto, se levanta, le apoya una mano en el hombro y le dice:
—Compadre, ¡si lo pierde te la vuelves a echar!
Mudo ganador
En un concierto donde se estaba presentando Juan Gabriel hicieron una rifa. La persona del público que tuviera el tercer número iba a ir a cenar con el artista. Entonces el conductor dice:
—El primer número es el 641, está eliminado. El segundo número es 1058, está eliminado. Y el tercer número y el ganador es: el número 934… Si a la cuenta de tres esta persona no aparece, será eliminado.
Entre el público había un mudo y cuando miró su boleto se dio cuenta de que tenía el número 934. Entonces comenzó a brincar.
—¡Mmmm... Mmmm... Mmmmaaaa!
Pero entre tanta gente no le hacían caso. Entonces el conductor dijo:
—El número 934 a la una, 934 a las dos...
Y el mudo pujaba:
—¡Mmmaa... Aaaaammm!
—El número 934 a las…
De pronto al mudo se le ocurre una idea, se baja el cierre y se saca el miembro. Entonces una muchacha que estaba a un lado lo ve y grita:
—¡El mudo se la sacó!
Y el conductor dice:
—¡Tenemos al ganador!
· Añadir a Favoritos · Pagina de Inicio · Contacto
www.tintafresca.com.mx un sitio de www.nuhble.com