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El hallazgo en Chiapa de Corzo, sus revelaciones
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Ese día, el último de su existencia terrenal, el Señor de Chiapa se levantó de madrugada dispuesto a observar los astros, como era costumbre en su pueblo olmeca. El hombre regordete, con 60 años a cuestas y de un metro con 66 centímetros de altura, presiente que será el gran día, cuando vaya al inframundo. Es el siglo 2700 antes de Cristo en Chiapa de Corzo. El Cohuiná es el gobernante del sitio y de toda esa región comercial olmeca, que abarca unas 70 hectáreas en total y que es paso obligado hacia o desde La Venta, en Tabasco. Como es costumbre entre los de alto linaje, ha mandado construir, y está lista ya, ya su cámara funeraria que, con el paso de los años, quedará siete metros debajo de una pirámide. Al Señor de Chiapa de Corzo, éste un pueblo que tiene uno de los más grandes grupos de observación astrológica, le ha llegado la hora de caminar al inframundo. Es el último día de su existencia terrenal y es enterrado con todos los honores a su cargo: vestido con cuentas de jade, obsidiana, ámbar, perlas de río, conchas y un reluciente espejo de pirita (mineral éste conocido también como “oro falso”).
Tinta Fresca recreó para sus lectores de manera narrativa, producto de tres entrevistas con diferentes arqueólogos, el hallazgo en Chiapa de Corzo del pasado 18 de mayo. El arqueólogo Bruce Bachand, de la Fundación Arqueológica del Nuevo Mundo, afirma que éste fue uno de los Grupos E (de observación astrológica) más grande de Mesoamérica. “Chiapas, y en particular Chiapa de Corzo, se convertiría en candidata del origen de los Grupos E, por ser sitios tan tempranos”, dice en charla al pie de la pirámide de Chiapa. Las otras formaciones olmecas de observación de las estrellas están en Ocozocoautla, Chicoasén, Malpaso, La Trinitaria y Jiquipilas. Por su parte, el arqueólogo Thomas Lee, uno de los principales exploradores desde hace más de dos décadas, afirma no poder explicar cómo era el gobernante de Chiapa. “No hay un finotipo, puede ser muy variado; yo no creo que podamos decir que hay un tipo zoque-maya así y así”, dice mientras lleva las manos al rostro. Lo que sí no cabe duda, ataja en una plática que comparte con su homólogo Bachand, es que el señor de Chiapa sería un Cohuiná, que en lengua mixe-zoque significa “cabeza”. “En La Venta (Tabasco) le llaman cabezas colosales pero en realidad deben denominarse Cohuinás”, dice con insistente simpatía. Lee exploró en 1969 una ruina que está dentro de la planta Nestlé, donde encontró un enterramiento funerario de una mujer, de unos 70-80 años, que “es posible” fuera la mamá de El Señor de Chiapa.
Lo que sí queda claro con el hallazgo de Chiapa —donde encontraron un hombre, una mujer, un joven y un niño—, es que se trataba de “alguien muy importante”, aclara por su parte Emiliano Gallaga, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Tan sólo el ajuar funerario de cada adulto, hombre y mujer, tienen de cuatro a cinco mil piezas, sin contar las ofrendas de cerámica y lo que portaban el joven y el niño. Explica entonces que llevará un año más o menos hacer estudios de estroncio para saber si eran o no oriundos de Chiapa de Corzo, además del Carbono 14, para su antigüedad exacta. La exploración fue financiada por la National Geographic, que en su número de este mes de junio incluirá un reportaje sobre el hallazgo en Chiapa de Corzo. “No se trata de cualquier vieja pirámide”, aclara por su parte la arqueóloga Lynett Lowe, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en un boletín de la Nat Geo. Y es que el hallazgo en Chiapa de Corzo podría revolucionar lo que se sabe de la cultura olmeca, la llamada cultura madre de las civilizaciones precolombinas.
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