Año 6 • Tinta Fresca No. 134 • Del 16 al 31 de Agosto de 2010
- Ni vivían cerca del Sumidero ni se despeñaron heroicamente, refuta historiador Jan de Vos; para el Coneculta, el escudo de Chiapas honra los “peligros” de los habitantes en la Conquista -
Indios chiapa, su leyenda
Georgina Cortez
Los antiguos chiapanecas no se “despeñaron” heroica y colectivamente en las aguas del Grijalva al ser conquistados por los españoles y el escudo del estado de Chiapas no conmemora la batalla de 1528.
Con consideraciones igual de sobresalientes, la antigua Chiapa de los Indios no estaba situada dentro del Cañón del Sumidero y los habitantes de esta ciudad no se levantaron en armas contra Diego de Mazariegos.
Estas son las conclusiones determinantes y documentadas por Jan de Vos en su libro “La batalla del Sumidero”, investigador de Bélgica quien se dedicó a la historia colonial indígena de Chiapas.
En éste el año del Bicentenario, Tinta Fresca le presenta otra investigación acerca de los mitos de la historia estatal, como en el número anterior fue el caso de Josefina García, “La heroína que nunca existió”.
La leyenda del Sumidero
Aquello que nuestros maestros alentaron para que aprendiéramos con orgullo desde la primaria, no es lo que realmente pasó pero quedó inmortalizado como la “Leyenda del Sumidero”.
Con la recopilación de distintas versiones de textos antiguos, el investigador prueba de manera precisa esta “truculenta” historia de Chiapas.
La versión de Bernal Díaz del Castillo, testigo ocular, dice que los chiapanecas no vivían, en 1524, en un “peñón fortificado” dentro del Sumidero, sino en un campo abierto a orillas del río Grijalva.
A la llegada de los españoles, ofrecieron resistencia en las afueras de la ciudad, no dentro del Cañón; por lo tanto, no hubo “suicidio colectivo”.
La segunda batalla se efectuó en 1528, aunque tampoco hubo resistencia por parte de los chiapanecas (ni siquiera de zinacantecos), aunque sí existió en provincias de los zoques, según los hijos de Diego de Mazariegos.
Así, la primera rebelión de los chiapanecas ocurrió en 1532, en donde pocos rebeldes (y no miles como se ha creído) se “despeñaron”, pero no por heroísmo patriótico sino por “pánico”.
Incluso, el mismo capitán español, Baltasar Guerra, al ver las muertes, se “retrajo hacia atrás” para no peligrar a más personas.
Escudo de Armas
La historia oficial enseñó a los chiapanecos a admirar un escudo carente de “tradición” y significado especial para todos.
Según la página de internet del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (www.coneculta.gob.mx), la historia del escudo sigue siendo la del heroísmo:
“Otorgado por el Rey Carlos I de España en 1535, a solicitud del síndico Juan Méndez de Sotomayor, por los méritos y peligros que pasaron sus pobladores hispanos en la conquista y colonización de la Provincia de los Chiapas”.
Esto es falso, pues Jan de Vos consultó la “Real Merced de un Blasón de Armas a favor de la Villa de San Cristóbal de los Llanos”, documento que fundamenta históricamente el escudo.
Los sancristobalenses recibieron su escudo de armas no por méritos ganados en 1528 bajo Diego de Mazariegos, sino por servicios prestados en 1532 y 1534 a Baltasar Guerra, general español.
“El blasón que se enorgullece poseer Chiapas, no inmortaliza la conquista de 1528, sino las pacificaciones de los indios de Chiapa, cuatro y seis años más tarde”.
Aunque siglos después, en 1950, una de las torres originales fue sustituida por la fuente colonial de estilo mudéjar, acción llevada a cabo por el pintor Francisco Cabrera Nieto.
Así, las investigaciones de Jan de Vos desmitifican eso que los maestros de primaria hicieron que nos entrara con sangre: los chiapanecas no se despeñaron heroicamente del Sumidero y el escudo de Chiapas no representa la batalla de 1528.
…y la corona que no es corona
Georgina Cortez
Conocida coloquialmente como la “Pila de Chiapa de Corzo”, la fuente estilo mudéjar no es una réplica monumental de la corona de los reyes de España.
De hecho, su diseño original no copia o imita algún prototipo español sino morisco (árabe).
Jan de Vos, en “La batalla del Sumidero, narra que los verdaderos vencedores de los chiapanecas fueron los frailes dominicos, compañeros de Fray Bartolomé de las Casas.
Se instalaron en 1545 y permanecieron más de tres siglos; del dominio ejercido, quedan algunos vestigios como la fuente mudéjar.
Esta obra fue construida por fray Rodrigo de León en 1562, supuestamente una de sus funciones era abastecer de agua a los habitantes; por eso el nombre de pila.
La fuente o pila de Chiapa de Corzo está considerada como uno de los monumentos artísticos más importantes no sólo de México sino de América; esto porque es la única construcción en todo el estado con este estilo.
Construida bajo la tradición mudéjar, reúne elementos derivados del arte musulmán: “planta octagonal y trabajo en ladrillo”; contiene también una cúpula de inspiración renacentista y elementos estructurales derivados del arte gótico.
Muchas personas creen que “la torre del reloj”, que se encuentra a un lado de la pila, fue construida al mismo tiempo que ésta.
El reloj se edificó en los años cincuenta, y si bien es cierto que se quiso copiar la arquitectura mudéjar de la fuente, su valor histórico no es el mismo.
Así, con un diseño único, la fuente de Chiapa de Corzo no es una réplica de la corona de los reyes de España.